Restaurados e Invitados a la mesa del Rey
La historia de Mefiboset nos habla a quienes cargamos heridas, pĂ©rdidas y preguntas sin resolver. Era hijo de Jonatán y nieto del rey SaĂşl. Desde niño quedĂł lisiado de ambos pies, marcado por una caĂda que no eligiĂł y por una historia que parecĂa condenarlo al olvido.
“Mefiboset era cojo de ambos pies.”2 Samuel 9:13
Humanamente, todo estaba en su contra: su linaje habĂa perdido el trono, su cuerpo estaba herido y su vida transcurrĂa lejos del palacio, en Lo-debar, un lugar sin prestigio ni esperanza. Pero Dios no habĂa terminado con su historia.
Un dĂa, el rey David preguntĂł:
“¿Ha quedado alguno de la casa de SaĂşl, a quien yo haga misericordia por amor de Jonatán?”2 Samuel 9:1
Y esa pregunta lo cambiĂł todo.
Mefiboset fue llamado a la mesa del rey, no por sus méritos, no por su fuerza, no por su pasado, sino por un pacto de amor. David no le pidió que caminara mejor, no le exigió sanar primero, no le reprochó su historia. Simplemente lo sentó a la mesa.
“No tengas temor, porque yo a la verdad harĂ© contigo misericordia… y comerás siempre a mi mesa.”2 Samuel 9:7
Esta es una palabra para quienes sienten que la vida los dejó atrás. Para quienes creen que sus heridas son un obstáculo. Para quienes piensan que llegaron tarde. En el Reino de Dios no hay impedimentos para sentarse a la mesa.
Mefiboset fue restaurado en el tiempo correcto. No antes, no después. Todo tuvo su momento. Y asà también con nosotros: Dios conoce el tiempo exacto para llamar, para sanar, para restituir lo perdido.
“Y Mefiboset comĂa siempre a la mesa del rey, como uno de los hijos del rey.”2 Samuel 9:11
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