“Jabes invocó al Dios de Israel diciendo:¡Oh, si me dieras bendición,y ensancharas mi territorio,y si tu mano estuviera conmigo,y me libraras del mal,para que no me dañe!”1 Crónicas 4:10
La oración de Jabes no es egoísta; es honesta. Pide bendición porque reconoce que todo bien viene de Dios. Pide ensanchar su territorio porque sabe que Dios puede ampliar horizontes, oportunidades y propósito. Pide la mano de Dios porque entiende que sin Su presencia no hay camino seguro. Y pide ser guardado del mal porque desea una vida que no esté marcada por el dolor.
Lo más sorprendente es el final:
“Y le otorgó Dios lo que pidió.”1 Crónicas 4:10
Dios responde cuando un corazón herido ora con confianza. Jabes nos enseña que no estamos condenados por nuestro origen, ni por lo que otros dijeron de nosotros. Podemos pedir más, soñar más, esperar más, no por orgullo, sino porque creemos en un Dios bueno que restaura y bendice a su tiempo.
No hay comentarios.